Le Guide du routard, original francés de las Guías Trotamundos Routard, nacen del movimiento de Mayo del 68 y tienen sus raíces en la literatura beat (Jack Kerouac, En el camino) y la ola musical y cultural de la época (desde el flower power de San Francisco a roads movies como Easy Rider). Pero su éxito no se debe solamente a la mercadotecnia, sobre todo se basa en los valores de los que bebe: humanismo, ecología, respeto a los pueblos, humor campechano, búsqueda de la autenticidad, nostalgia de los paraísos perdidos… La adopción de estos valores nace de la insatisfacción de una generación con el mundo que le ha tocado vivir. Se trata de los jóvenes de los primeros años de la década de 1970, cuando Philippe Gloaguen, fundador de la colección Routard, viaja a la India y Nepal en autoestop.
Pero mientras Jean-Paul Sartre apoya las protestas del 68 como una revolución que puede cambiar el mundo, el viajero routard («trotamundos») que encarna Gloaguen piensa que para comprender mejor el mundo hay que partir a conocer a los pueblos, su manera de vestir, su derecho a ser diferentes.
Gloaguen abandona Francia en 1971 decepcionado por el mundo occidental y por la política, buscando otros horizontes en Oriente. Pero en el camino, confrontado a realidades como el sistema de castas indio, comprende que no todo es censurable en Occidente: en su tierra existen valores y personas que los defienden.
A su vuelta crea un concepto de guía que refleja un modo de vida particular, sinónimo de libertad, de juventud, de insolencia y de curiosidad. Las Routard son hoy un fenómeno editorial y social en Francia. Sin embargo, los valores de ese joven de principios de la década de 1970 no se han perdido. Al contrario, las guías aprovechan su notoriedad para difundir sus valores, que no son políticos, sino humanistas: mientras se proporcionan direcciones de establecimientos agradables, se transmiten ideas de respeto a todos los seres vivos del planeta.
En todas las guías, el código del Trotamundos recuerda a los viajeros una máxima: «Cuando salimos de nuestro país, los extranjeros somos nosotros». La toma de conciencia de la opresión urbana y de los problemas políticos y sociales impide viajar con los ojos cerrados, y por ello las Guías Trotamundos defienden valores como los derechos del hombre, la solidaridad entre los pueblos, la biodiversidad cultural, la protección del medio ambiente y la defensa de los animales, y ofrecen sus páginas a toda organización de la cual se sienten próximos: Amnistía Internacional, Survival International, WWF, Greenpeace, Médicos del Mundo…

 

Código Trotamundos para viajeros

Código del Trotamundos

Cuando salimos de nuestro país, los extranjeros somos nosotros. Con esta máxima en mente, una actitud correcta caerá por su propio peso.

  • Los usos y costumbres del país, respetad sus costumbres o creencias aunque os sorprendan. La discreción y la humildad permiten a menudo evitar algún malentendido. Bastará con observar las actitudes de los demás y adaptarse a ellas. Informarse de las tradiciones religiosas resulta siempre interesante. Un atuendo discreto, una sonrisa, algunas palabras en el idioma local, son detalles que facilitan el intercambio y el establecimiento de una verdadera relación. Estos pequeños gestos constituyen un acercamiento hacia el otro. Y somos los visitantes quienes debemos darlo. La consigna: tolerancia y derecho a la diferencia.
  • Visitante/visitado, una relación de fuerzas desequilibrada: el pasado colonial o las abismales desigualdades económicas pueden conllevar tensiones. La diferencia de poder adquisitivo es enorme entre el Norte y el Sur. No exhibáis vuestro dinero, sobre todo billetes grandes, que muchos no habrán tenido jamás entre las manos.
  • El turismo sexual. Es inadmisible que los occidentales utilicen sus medios económicos para aprovecharse sexualmente de la pobreza. Nuevas leyes permiten perseguir y juzgar en sus países de origen a aquellos culpables de abusos sexuales, especialmente a menores. Apelamos a la conciencia personal y al simple respeto al prójimo. Combatir estos comportamientos es fundamental. Boicotead los establecimientos que favorecen este tipo de relaciones.
  • ¿Foto o no foto? Hay que informarse bien sobre la relación que los habitantes del país establecen con esta cuestión. Algunos pueblos consideran que la fotografía roba el alma. Limitaos a fotografiar paisajes o pedid permiso antes de apuntar con vuestro objetivo. No ignoréis la opinión de la gente. No dudéis en apuntar la dirección de la persona fotografiada para enviarle una copia. Un objeto mágico: dejadle una foto polaroid.
  • Cada uno, su traje. Querer comprender un país para apreciarlo mejor es una actitud encomiable, pero a veces conviene mantener cierto distanciamiento (que no distancia), permaneciendo en el lugar que nos corresponde. No es preciso llevar un traje beréber para demostrar que nos gusta el país. La idea misma de «imitar» a los habitantes locales será mal recibida. Asimismo, los atuendos demasiado escuetos les resultan a menudo molestos.
  • Cada uno, su ritmo. los viajeros tienen siempre demasiada prisa. No puede verse ni hacerse todo. Hay que aceptar los imprevistos, a menudo más ricos en recuerdos que los periplos sin sorpresas. Las mejores relaciones humanas nacen con el tiempo y no con el dinero. Tomaos tiempo para sonreír, hablar, comunicaros… Ahí radica el secreto de un viaje memorable.
  • Evitar las actitudes moralistas, el trotamundos «aleccionador» resulta molesto. Observad, comparad e informaos antes de expresar opiniones. Y, sobre todo, escuchad.
  • El exotismo adulterado. Denunciad a las empresas turísticas que tratan a los autóctonos de forma degradante y rechazad las excursiones que suponen el disfrute de una curiosidad malsana. No alentéis los espectáculos turísticos que adulteran las tradiciones y pervierten a los habitantes o que conlleven un maltrato de los animales.