Texto: Francesc Ribes

Sueños, expectativas, ansia por conocer… Ese es el principal equipaje mental del viajero, pero hoy debe hacer sitio a otros conceptos: solidaridad, sostenibilidad, respeto, ecología… En un mundo globalizado y cada vez más interconectado, somos más conscientes de su fragilidad y ya no podemos viajar como los exploradores del siglo XIX, impulsados por sus ambiciones y no muy preocupados por la suerte de las comunidades y lugares que alteraban con su sola presencia.

Hoy sabemos que el turismo de masas deja tras de sí un rastro en forma de CO2, montañas de plásticos y un gasto ingente de bienes tan escasos como el agua. Por otra parte, es una fuente de ingresos imprescindible en muchas comunidades. Entonces, ¿cómo conciliar el deseo de ver mundo sin contribuir a su degradación? Parece un dilema complejo, pero nuestro comportamiento individual influye en que las cosas cambien.

Nuestras recomendaciones son sencillas pero muy útiles si quieres iniciarte en el ecoturismo. Toma nota de este decálogo para ser un turista ejemplar:

  1. Elige los transportes menos contaminantes.
    Como los públicos, eléctricos, la bicicleta y el mejor y más saludable: andar. Si tienes mala conciencia por la huella de carbono que dejan los desplazamientos en avión u otros medios de transporte, hay varias soluciones. Por ejemplo, algunas aerolíneas, como KLM, compensan las emisiones de CO2 mediante aportaciones en proyectos de reforestación. La fundación MyClimate, por su parte, dispone de una calculadora de emisiones para compensarlas con inversiones en proyectos de desarrollo local.
     
  2. Alójate en establecimientos sostenibles.
    Cada vez son más y están en todas partes. Los alojamientos que apuestan por el respeto al medio ambiente están construidos con materiales locales o reciclados, ahorran agua, apuestan por energías no contaminantes (solar, eólica, etc.), se abastecen entre los productores cercanos, y limitan los residuos al máximo. Buscadores como Ecobnb facilitan la localización de establecimientos sostenibles en cualquier lugar del mundo. 
     
  3. Minimiza los residuos.
    Quizá sea lo más complicado. Los envases y utensilios de usar y tirar, casi siempre de plástico, parecen diseñados para facilitar la vida al turista, pero se la complica al planeta. Evitarlos al máximo es la mejor opción si no queremos acabar ahogados en plástico.


     
  4. Respeta la naturaleza.
     Es obvio, pero conviene repetirlo. En las zonas protegidas hay que atenerse a su normativa, que habitualmente prohíbe apartarse de los senderos señalizados y recoger plantas, conchas, etc. Y no hay que generar ningún tipo de residuo.


     
  5. No contribuyas al maltrato animal.
    Con frecuencia se hace de forma involuntaria y por desconocimiento. En general, basta con no pasear a lomos de un animal, ya sea un elefante, ya sea un burro; no hacerse fotos con animales; no asistir a celebraciones crueles donde se maltrate a animales; no alimentar a animales salvajes y cerciorarse de que los santuarios, orfanatos o centros de conservación que queremos visitar tienen como única prioridad: el bienestar animal.

  6. Apoyar la economía local.
    Nada tiene de malo comprar recuerdos del viaje, pero mejor si se han producido in situ, tienen relación con la cultura local, el artesano recibe una remuneración justa y no proceden de la explotación laboral o infantil.
     
  7. La comida local sabe mejor.
    La gastronomía es parte importante de la cultura de cada pueblo y una buena manera de conocerlo. Los alimentos, mejor si son locales y de temporada: son más baratos, frescos y saludables. Y de paso contribuyes a la economía de quienes los producen.
     
  8. Respeta el patrimonio.
    Las normas que rigen las visitas de muchos lugares históricos a veces pueden parecer desmedidas, pero son la garantía de su preservación presente y futura. Nada de llevarse una piedra de recuerdo.
  9. Participa en proyectos de desarrollo local.
    Es otra forma de viajar y conocer otras culturas, conviviendo con ellas y colaborando en la mejora de su calidad de vida. Diversas agencias coordinan y gestionan los programas de voluntariado o prácticas que se pueden realizar por todo el mundo.
     
  10. Comparte tu experiencia.
    Al igual que se comparten los recuerdos del viaje con los amigos o en las redes, comparte las ventajas del turismo sostenible de este decálogo.

¿Se te ocurren más acciones para ser un viajero responsable con el planeta? Cuéntanos tus aportaciones, ninguna es pequeña, todas son útiles.

Fotografías: Alexey Poprotsky,  Pavel Isupov, Witthaya Phonsawat, Theerawat Payakyut, Everest, Mathee Boonphrom, Igor Golubov/ 123 rf